En la ruptura, el sujeto enamorado olvida el tiempo porque no llega. El tiempo es el desgaste de las cosas, el olvido de la memoria. Desespera. La perspectiva que debe tenerse ante la agonía de que todo ha acabado, de que ya no hay futuro, es la de recobrar el tiempo. El tiempo jamas se acaba. El tiempo es un azar que con toda seguridad permanecerá. Y ahí esta la clave: apostarle a un juego que de todas formas sera jugado.
Y cuando llega, digo:
casi no te pienso ya
casi no me duele ya
son los hábitos los que aun te traen
la compulsión de buscarte
de recrearte en la memoria
de no olvidarte.
Pero ahí, ya solo es inercia. Y aunque también esa fuerza eres tú. Es solo la estela. Ya estamos en otro lado. Y ahí esta la gracia: la noche es de quien la observar. Y todo deja de ser una derrota.
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