martes, 18 de febrero de 2020

Recaída

La angustia es un estado; no una condición: como lugar, puedo estar a la mitad de mis angustias; lo que no puedo es deberme a ellas: la condición de mi existencia. Toda angustia tiene dos tiempos: el presente, en la que las padezco, y el futuro, sobre el que pienso y que no llega y, probablemente, no llegara (¡crack! justo en el pecho). Una angustia solo niega: toda formulación lingüística sobre ella, aunque se afirme, oprime el pecho.
En la angustia no hay un objeto especifico de mi preocupación porque no hay presente (lo concreto de mi existencia: la existencia). Y el futuro, casi siempre es ensueño: el acto de desear lo contingente en un lugar en el que me mantengo inmóvil.

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